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jueves, 15 de octubre de 2009

¿Y MIS MUSAS?


Que alguien me explique, si es que alguien lo sabe, dónde andan las musas metidas... ¿estarán de vacaciones como dice Serrat? ¿o quizá es que simplemente me han abandonado? ¿A ustedes también les pasa, o es que es algo personal entre ellas y yo? Ando desconcertada y perdida en este aspecto, la verdad. Y lo peor es que nadie me sabe ayudar.
Pensando, he recordado que al iluminado contestatario antisocial que es el Sr. Risto Mejide lo han nominado al Premio Planeta, por su "Pensamiento Negativo"; pues quizá será eso, que las Musas están con él, para decirle a quién ha de criticar y cómo en su libro y en su programa (por descontado rebelde, antisocial y afilado cual filo de navaja). Y así vamos, ¿las Musas se han vuelto igual de hipócritas que el Mundo o qué pasa? que alguien me lo explique, porque yo de verdad que no lo entiendo.

Pues eso, y le sigo dando vueltas al tema... ¿dónde estarán mis musas? Estarán, me digo, con el Sr. Presidente de la Generalitat de Valencia, el Sr. Camps, inspirándole para escurrir aún más el bulto, a ver si cuela y podemos quedarnos donde estamos, en el cotarro. Buscamos un cabeza de turco y .. voilà! aquí no ha pasado nada, todo es claro y transparente. Tan transparente como un montón de estiércol, disculpen la imagen que se habrá dibujado en sus mentes pero es que, de verdad, no se me ocurre nada más ilustrativo que un montón de mierda para que nos hagamos una idea todos de la turviez de todo este asunto. Pero no sé, ¿será eso? ¿estarán las musas tan corrompidas?.

Y más vueltas le doy. Y ahora recuerdo más cosas; como por ejemplo la cantidad de paro que sube y sube y sube... y, claro, me doy cuenta de que las Musas también tendrán que estar ahí, inspirando al Sr. Presidente del Gobierno, Zapatitos Bambi, a salir de este embrollo con la cabeza alta. Pero es que me parece que ni con todas las musas del universo va a ser posible, señor Presidente. Porque esto no lo aregla ni Dios, así que menos las Musas.

Así a bote pronto, me salen más necesitados de Musas que Musas hay en el Mundo. Y claro, ya empiezo a comprender el por qué a mí ni me miran a la cara. Demasiado trabajo, mejor dicho, demasiada basura que limpiar para sólo un puñado de almas de buena intención como son ellas. Pues normal que haga tanto tiempo que yo no sé de ellas. Ahora lo entiendo...

En resumen, que nada podemos hacer para que las Musas regresen a darnos su inspiración mientras nuestros pobres políticos, personajes televisivos y showmans estén tan necesitados. ¿No nos da penita? Como siempre ha sido, en este país hay estratos, ¿no los notan?

miércoles, 18 de febrero de 2009

EL REFUGIO DEL ALMA


Fumamos marihuana sentados en el suelo del piso. La música Reggae suena sin cesar. El ambiente es cálido y húmedo, lleno de humo denso que nos hace parecer espectros.
Encima del cojín rojo está Claudia, mi mejor amiga. Me mira entre la espesa niebla y me sonríe, sus ojos están medio cerrados y teñidos de un rojo intenso. En su preciosa cara de muñeca se dibuja una sonrisa de boba, de despreocupación. Y es que nada nos preocupa dentro del piso.
Es como nuestro santuario, como el lugar donde nos retiramos del mundanal ruido para pensar, pero no sobre él. Sino sobre nosotros. Es el único sitio donde nos podemos expresar libremente, decir lo que pensamos y sentimos sin tapujos, sin cohibirnos. Y por eso no faltamos ni un solo día.
La Marihuana hace que me siente bien, ligera y tranquila. No pienso en mi jefe, en que esta mañana me ha dicho que mi puesto pende de un hilo porque están haciendo recorte de personal. La crisis. Mierda de crisis que nos está jodiendo a todos. Ni pienso en mi novio, Pablo, que lleva tres días sin contestar a mis llamadas y a mis coreros. Doy una honda calada a mi canuto y me recuesto sobre el cojín, que se me antoja ahora la cama más cómoda del mundo.
Todos los que estamos allí nos sentimos mal con nuestras vidas: a Claudia su madre la echó de casa y ya ni si quiera le habla, porque lleva meses saliendo con un chico negro que no tiene papeles. Ese chico, Ibrahima, está durmiendo a mi lado. Lleva un año en España, y llegó a Barcelona de Senegal después de muchas penurias por nuestra madre patria. Claudia lo conoció en un bar y se enamoró al instante. Es un chico tierno, amable y cordial que se está buscando la vida como puede. Pero eso no todos lo entendemos, como la madre de Claudia. Ahora ella está trabajando por cuatro perras en un bar de camarera, y él toca la kora, una especie de arpa típica de su país, en el metro. Con eso van tirando. Aunque a Claudia su casero ya le ha advertido que no le va a renovar el contrato a menos que no eche del piso a Ibrahima, no quiere tener líos.
Y si nos quitan el piso nos quitan la vida. Porque nuestra vida empieza cuando entramos allí, nos liamos unos porros y dejamos que nuestra mente fluya. Todo lo que hay antes y después de eso es una simple espera hasta el momento de llegar.
Aspiro profundamente una nueva calada y la retengo en los pulmones todo el tiempo que puedo. Ahora me viene a la mente un artículo muy interesante que leí en la cafetería del trabajo mientras comía. Antes me sentaba con mis compañeras, pero un día me di cuenta de que estaban vacías para mí, no me aportaban nada; aunque estuviese con diez de ellas me sentía sola. Así que decidí poner alguna excusa e irme por mi cuenta. Así que leí un artículo sobre una nueva "enfermedad" que está surgiendo en Japón, los "hikikomori", que en japonés significa aislamiento; jóvenes, sobre todo mujeres, que se separan progresivamente de la sociedad hasta aislarse por completo de ella y llegar a vivir recluídos en una casa o en una sola habitación durante años.
Se sienten solos, sienten que no pueden expresarse con nadie, que no hay persona en la faz de la Tierra que tome en cuenta sus opiniones y sus deseos. Y por eso dejan de comunicarse con el mundo.
La sociedad actual, y mucho más la japonesa, nos somete a una enorme presión que influye en nuestros actos y que hace que nos inhibamos de nuestras pulsiones reales, que casi las olvidemos. Es paradójico como en un país como Japón, lleno de movimiento frenético, las personas pueden llegar a sentirse tan vacías e inertes.
Ese artículo me hizo darme cuenta de lo difícil que hemos hecho nuestra existencia, hemos ganado comodidad, pero hemos perdido nuestros deseos, nuestros valores reales, nuestros sentimientos. Un precio demasiado caro...

El porro se ha apagado, busco un mechero y lo enciendo, aspiro profundamente y dejo que los pulmones se llenen de ese aire embriagador y maravilloso, cierro los ojos y lo exhalo despacio... en nuestro refugio siempre tendremos el sitio donde expresarnos, por muy pequeño que sea, hay gente que ni si quiera tiene algo como esto.

No dejen de leerlo:
http://www.magazinedigital.com/reportajes/los_reportajes_de_la_semana/reportaje/pageID/2/cnt_id/2909

jueves, 8 de enero de 2009

QUE VIENE Y VA... COMO LA VIDA Y COMO EL MAR, SE MUEVE


Nuevo año, año recién estrenado. No nos ha tocado el gordo ni el niño. Pero seguimos aquí, que ya es mucho. Época de nuevos propósitos: dejar de fumar, ir al gimnasio, aprender algún idioma...y para muchos de por aquí, época de "virgencita que me quede como estoy", y es que con este panorama no es para menos.
Y para mí, época de nuevas experiencias totalmente inesperadas. Recuperar personas, qué bonito. No hay nada mejor que recuperar lo perdido, y qué bello es si se trata de personas que antaño fueron importantes. Esas personas que a veces el destino hace que guardes en la habitación del olvido, aunque fuera sin querer. Pero como ya dije, nunca hay que cerrar esa habitación.
A veces se abre sola, como me ha pasado a mí. Y te sorprende. Porque te hace darte cuenta de que el destino puede llegar a ser muy cruel, pero otras, en contrapartida, puede ser amable y tierno. Una de cal y otra de arena. O al menos cuatro de cal y una de arena, que ya es mucho.
Y es sólo entonces cuando te das cuenta de lo que mucho que contaron esas personas para tí en una época de tu vida, de lo que llegasteis a compartir... momentos felices; tantas risas, tantas penas. Y únicamente ahí ves que realmente no las olvidaste nunca, que siempre estuvieron ahí, escondidos, guardados en un rincón de tu ser.
¿Será cosa del destino? ¿o quizá hice algo para que los acontecimientos se sucedieran así? Hace reflexionar. ¿Realmente las cosas están escritas, tenemos cada uno de nosotros un guión de vida? ¿o cada acto cuenta? ¿está de alguna manera en nuestras manos lo que nos sucedede mientras estamos en este mundo?. Estoy segura de que no soy ni mucho menos la primera persona que se hace estas preguntas, ni por supuesto seré la última.
Es difícil de responder, aunque yo apuesto porque debemos luchar por lo que creemos, y muchas veces lo hacemos incluso sin darnos cuenta. Doy gracias porque así sea.

En el fondo jamás estamos solos, en esta larga travesía siempre nos quedará alguien al lado, apoyándonos.
Aunque a veces ni siquiera sabemos que está ahí.

Giren la cabeza y paren un momento para mirar a los ojos a todos aquellos que nos rodean sin saberlo, a todos aquellos que nos apoyan y nos quieren. Y den gracias por ello, porque las merecen.

Espero que el 2009 sea un maravilloso año para tod@s, de todo corazón.

miércoles, 12 de noviembre de 2008

BARCELONA


Salgo de casa a eso de las 12 del mediodía, me dirijo a las Ramblas de Barcelona, he quedado allí para dar un paseo y disfrutar del maravilloso encanto tumultoso que rodea a esa ciudad. El murmullo de los pasos confundiéndose con el de los coches, autobuses y demás vehículos que atraviesan la Plaza de Catalunya y pasan por Portal de l'Àngel o entran directamente en las Ramblas. La gente amontonada caminando a la vez, cuando el muñequito del semáforo indica el color verde, mirándose sin verse y percatándose de la presencia del resto, pero sin sentirla. Sin pensar si quiera en que en cada uno de ellos, en cada persona que se mueve entre la masa humana, hay una historia, y nos la cuenta con su mirada, con su expresión, con esa media sonrisa que se nos dibuja en la cara cuando, por algún motivo, nos sentimos felices o afortunados.

A veces pasamos al lado de alguien sin ni siquiera sentir que existe, que es otra pequeña pieza del universo y que, como todo lo que hay en él, juega un papel importante y hace que el engranaje siga girando, o quizá incluso determine el sentido en el que lo haga.

Así que me decido a mirar a la gente, a observar sus ojos, su sonrisa y su expresión. Y levanto la cabeza y la mirada y me encuentro con niños felices que corren disfrutando del hermoso día, señoras que hablan paradas en la calle sobre cómo se encuentran, sobre lo que van a cocinar hoy para comer y sobre las ofertas que hay en el Mercat de la Boquería. Encuentro también adolescentes que pasan caminando como si flotasen, ausentes y concentrados en la música de su mp3. Y abuelitas que caminan despacio, algunas en grupos de dos o tres, otras cogidas de la mano de su anciano marido, charlando y observando lo que les rodea, como si todavía se tuviesen que acabar de acostumbrar a los enormes y repentinos cambios que ha sufrido la ciudad que les vio crecer en tan poco tiempo.

Bajo por las Ramblas y empiezo a encontrarme con las famosas "estatuas humanas" cada una más original y trabajada que la anterior, con sus disfraces y maquillajes perfectos. Ahora se me dibuja a mí en el rostro esa sonrisa de felicidad interior, se respira esencia de Barcelona, y me encanta.

Sigo caminando y empiezo a sentir el aroma a mar, la humedad y la brisa delatan que el puerto está cerca; se me antoja llegar hasta él y pasear por el Passeig Marítim, para cerrar ya la mini-excursión que he improvisado mientras espero a que sea la hora acordada de mi cita. Así que sin pensarlo mucho bajo hasta tener la estatua de Colón ante mí, y el puente que lleva hasta el Maremágnum. Como acostumbra a pasar los sábados, han dispuesto varias paraditas de venta ambulante; todo tipo de libros, discos, figuras y pósters antiguos se venden o intercambian aquí, incluso joyas. En algunos ejemplares hay dedicatorias de algún desconocido para su amada o amigo, toda una mirada al pasado. Me hace sentir una especie de nostalgia inexplicable, pensar que algo que valoras sentimentalmente mucho puede acabar, después de medio siglo, en manos de un desconocido absoluto se me antoja romántico y triste a la vez. Vuelvo a sentir esa esencia embriagadora, y la sonrisa se intensifica, esta ciudad me hace reflexionar, activa mis pensamientos.

Ya es la hora, debo empezar a subir, seguramente me estarán esperando. Hay que ver qué rápido pasa el tiempo cuando lo disfrutas. Y a mí Barcelona, por mucho que me la conozca, siempre me seguirá sorprendiendo.

miércoles, 6 de agosto de 2008

El 1er día de vida... larga vida a Kuny's place!



Bueno, pues aquí estamos... en los últimos días de curro, con demasiado tiempo para pensar (no es bueno dejar que la mente vaya demasiado a su bola) y pocas cosas que hacer, a parte de esperar a que lleguen las ansiadas vacaciones.



En el trabajo, sola, con un cigarro que se consume solo en el cenicero y un café que se enfría encima de la mesa. Fuera el calor azota la ciudad, una ciudad vacía, sola y abandonada durante este mes de agosto; es curioso pensar que la ciuadad que está llena de vida durante el año, la ciudad que alimenta nuestra rutina diaria, se convierta prácticamente en un desierto de almas durante las vacaciones... ¿por qué nos parece tan horrible en agosto lo que durante el resto del año es tan normal? Nadie se quiere quedar, nadie quiere a la ciudad... la ciudad que alimenta nuestra vida, nuestras sensaciones. Pero sólo nos sirve el resto de meses, las vacaciones no son para la ciudad.



Es paradójico, relegar lo que en el fondo queremos como si lo odiásemos, o todavía digo más, odiarlo durante un par de meses, y luego volver a adaptarlo a nosotros, o adaptarnos nosotros a ello, a nuestro pesar... porque no hay escapatoria. La rutina nos persigue, y más vale que lo asumamos cuanto antes.






A todo esto, me viene a la memoria una frase del genio Albert Einstein:






"Hay dos formas de ver la vida: una es creer que no existen los milagros, la otra es pensar que todo es un milagro"





Por favor, crean que todo es un milagro, aprecien las pequeñas cosas dentro de la rutina, inlcuso esa ciudad aburrida de la que huimos en verano... porque también forma parte de nuestras vidas.



Saludos para tod@s, cuídense!